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La socióloga, coautora del libro Ciberculturas juveniles, analiza el auge y los significados de los fotologs. El mandato “ser, estar y aparecer”.

“El contacto cara a cara sigue siendo insustituible

Autor: Federico Kukso

La floggerización del mundo adolescente parece imparable. De un día para el otro, chicos y chicas que hacen culto al pantalón chupín, a las zapatillas botitas, que adornan sus cabezas con extraños peinados y discurren sus vidas en la pantalla irrumpieron en las escaleras de los shoppings, en los noticieros y en los programas mañaneros como si hubieran estado ahí, desde siempre. La televisión, que se rindió ante ellos, los retrata, los vuelve noticia y estrellas efímeras, sin siquiera rascar la superficie ni explicar a fondo esta nueva forma de socialización en la era digital. "El fotolog es más que una carta de presentación de cierta tribu adolescente. No se lo puede resumir como una práctica de exhibicionismo únicamente. Es un espacio, un lugar de construcción de la identidad adolescente", explica la socióloga Laura Goszczynski, quien, junto a un grupo de investigadores jóvenes del Instituto Germani coordinados por el también sociólogo Marcerlo Urresti, plasmó en el libro Ciberculturas juveniles su análisis de la importancia de este fenómeno de la vida cotidiana de los adolescentes.

–¿Cómo surgió su investigación sobre los usos adolescentes del fotolog?

–A partir del hijo de una ex jefa. El chico tenía fotolog, como sus amigos. Y ahí vi que esta red comenzaba a crecer sin parar. Agarré al fenómeno apenas empezaba a crecer. Y lo estudié durante un año y medio. Hice entrevistas a jóvenes de 16 y 17. Una de mis preguntas de partida era: ¿por qué estos jóvenes usan fotologs y no blogs, más centrados en el texto? La respuesta se puede rastrear en la importancia de la imagen y de lo visual en la cultura adolescente actual. Estos chicos se criaron observando pantallas.

–Pareciera como si de repente todos los adolescente se hubieran vuelto floggers.

–El fotolog pasó a ser un elemento constitutivo de la identidad adolescente. Es una práctica transversal. La manera de mostrarse no difiere demasiado de una clase social a otra. Es como un dormitorio.

–Los aúna la "foto pose".

–Es uno de los rasgos de estos territorios llenos de huellas subjetivas. La "foto pose" intenta imitar siempre un acto espontáneo y muestra la importancia del cuerpo para el adolescente. Igualmente hay que diferenciar: están los fotologgers y los floggers. "Flogger" ya se instaló como un término que se refiere a la tribu que se identifica con el uso del fotolog. O sea, lo que constituye a su tribu desde el sujeto es el uso de esa herramienta. El sacarse fotos y subirlas. Otra cosa, en cambio, son los chicos que tienen un fotolog. No se juntan ni se identifican a sí mismos como floggers. Pueden pertenecer a otra tribu incluso.

–¿La experiencia virtual se opone a la experiencia real o se complementan?

–Hay un plus que queda sin satisfacer en la práctica virtual. De ahí la necesidad de estos adolescentes de reunirse, de verse. El contacto cara a cara es insustituible. Hay una necesidad de llevar a la tierra lo que se gestó virtualmente.

–El discurso mediático metió a todas las tribus urbanas en la misma bolsa y las exhibe como fenómeno nuevo. ¿Es tan así?

–Para nada. Se habla académicamente de "tribus urbanas" desde los ochenta. Es un fenómeno antiguo reformulado por internet que segmenta y cada uno elige de acuerdo con sus intereses. Y ahí se contacta con personas que tienen los mismos gustos.

–Hay un mandato de las redes sociales: ser, estar y parecer.

–Ser es aparecer ahí en el fotolog. Si no aparezco, no soy para mí. Internet aporta algo novedoso: antes era impensable que otras personas me vieran a gran escala salvo que apareciera en la televisión. Eso comienza a cambiar con la aparición de los reality shows: de repente apareció gente común y corriente hablando de su vida privada en la pantalla. Esto se institucionaliza en los nuevos soportes.

–Pero, ¿qué cosas no cuenta el flogger?

–No surge el conflicto. No se plantean. Se habla y recrea un ambiente grato para todos. Nunca se llega al enfrentamiento. Se recrea un "estar juntos ahí", sin choques, en clave de "lenguaje flog", un género de ciberescritura que viene desde el MSN, el foro, el celular.

–¿Cree que la moda de los fotologs en algún momento va a desaparecer?

–No lo sabemos. Es un fenómeno muy reciente y local. Y no se puede predecir. En internet se suceden reemplazos todo el tiempo. Las distancia con la pantalla se achica y se acerca cada vez más al espectador: la pantalla del cine, del televisor, de la computadora y del celular se volvieron próximas, cercanas, íntimas; se incorporaron al cuerpo.


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Fuente: criticadigital.com.ar | Fecha: 2008-11-13 | Visitas: 499

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