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» Sondas Voyager cumplen 30 años de viaje por el cosmos con mensaje de paz
Las naves cargan discos de oro que incluyen sonidos e imágenes de la Tierra: muestran a gente joven, vieja, hombres y mujeres, otras especies animales, e información sobre el punto que ocupa el planeta en la galaxia.
La sonda Voyager 1 ingresó en el año número 31 de su largo viaje por el cosmos convertida en el objeto artificial más distante construido por el hombre y uno de los tres vehículos exploradores espaciales cuyo trabajo ha superado las expectativas de la Nasa.
Seguida 16 días después por la sonda Voyager 2, la nave partió al espacio el 5 de septiembre de 1977 con un mensaje dirigido a un improbable lector extraterrestre.
Para los ingenieros de la agencia espacial estadounidense, su trabajo efectivo de información sobre el espacio transmitido a la Tierra debía durar un máximo de cuatro años. Sin embargo, sus baterías todavía están vivas y 30 años después de su lanzamiento y a una distancia de más de 15.500 millones de kilómetros de la Tierra la nave sigue transmitiendo, así como su par, Voyager 2.
Ese punto, al que la sonda Voyager 1 llegó el pasado 15 de agosto, es igual a cien unidades astronómicas, es decir cien veces la distancia entre el Sol y nuestro planeta.
"Esperábamos despedirnos de las naves cuando llegaran a Júpiter y su paso por Saturno ya fue un éxito inesperado", dijo a Efe Enrique Medina, ingeniero del navegación del Voyager 1 en el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la Nasa.
"Están en una misión interestelar en los límites del sistema solar y seguimos recibiendo entre seis y ocho horas de información de cada uno", agregó en una entrevista telefónica desde Pasadena, California.
Esa información ha incluido datos sobre Júpiter, Urano, Saturno y Neptuno, así como de decenas de lunas de esos planetas y del viento solar, un torrente de partículas cargadas disparadas desde el Sol a casi 1,6 millones de kilómetros por hora, señaló.
En estos momentos Voyager 1 se encuentra en el extremo exterior del sistema solar, en una zona donde desaparece la influencia del sol y aproximándose, a una velocidad de 1,6 millones de kilómetros por día, al espacio interestelar, al que llegará dentro de los próximos diez años.
La longevidad de las sondas Voyager es parecida a la de los vehículos exploradores de la NASA en Marte, Spirit y Opportunity, que recorren la superficie de ese planeta desde hace más de dos años, pese a que se les calculó una vida útil de solo tres meses.
Su larga vida se debe a que, al contrario de otras naves que dependen de baterías solares, las sondas Voyager avanzan por el espacio empujadas por fuentes de energía nuclear, llamadas generadores radioisotópicos termoeléctricos.
Pero más que científico, la misión de las sondas, principalmente la de Voyager 1, tuvo un objetivo romántico, porque su principal carga son un par de discos de oro que incluyen sonidos e imágenes de la Tierra. Esos discos también muestran a gente joven, vieja, hombres y mujeres, otras especies animales, e información sobre el punto que ocupa la Tierra en la galaxia.
"Ha sido el proyecto más romántico y hermoso intentado por la NASA. Contiene los sonidos de un beso y el de una madre que saluda a su recién nacido por primera vez,", según Ann Druyan, directora del proyecto y entonces esposa del escritor y astrónomo Carl Sagan (ya fallecido), a quien se le encomendó la tarea de escribir un mensaje.
Este es "el clásico mensaje puesto en una botella y lanzado al mar. La probabilidad de que alguien lo encuentre es mínima, pero los dividendos serían inmensos", señala Druyan. Según Ed Stone, ex científico del proyecto y ex director de JPL, aunque es casi imposible que algún extraterrestre llegue a leerlo, el disco que lo lleva es un mensaje dirigido, en realidad, a la propia humanidad.
"Es un mensaje unificador. Contiene saludos en muchos idiomas, música de muchas culturas e imágenes que representan nuestro planeta y hogar. Es un registro de lo que nosotros pensamos que somos", manifestó Stone.
Para Druyan, el disco también representa la idea de que la ciencia y la tecnología pueden ir de la mano del arte. Según el científico, la idea romántica del disco está ilustrada por el hecho de que fue preparado en plena Guerra Fría.
"Todo el mundo vivía con el temor de que en cualquier momento estallaran 50.000 armas nucleares. El mensaje era algo positivo", manifestó. "Se miraba el futuro con angustia. Pero esto fue algo positivo, una forma de representar a la Tierra y mostrar nuestra mejor imagen", agregó.
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