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» Alto en el cielo
Considerado uno de los hitos científico-técnicos más importantes de la historia de la humanidad, este cilindro metálico del tamaño de un colectivo lleva dos décadas cambiando con cada fotografía, cada retrato cósmico, la imagen que tenemos del universo.
Así como hay un antes y un después de la invención de la perspectiva en el siglo XV, hay un antes y un después de la puesta en órbita del Hubble que acá celebramos recordando sus proezas, desafíos y, también, sus desperfectos.
- Saltó al espacio el 24 de abril de 1990. Es tan grande como un colectivo: mide unos 13,2 m de largo por 4,2 de diámetro y 11 toneladas de masa. Su espejo principal –su ojo– apenas mide 2,4 metros de diámetro. Da vueltas alrededor del planeta a unos 600 kilómetros de la Tierra. A través de sus ojos se han observado alrededor de un millón de cuerpos celestes superando holgadamente las 6.000 estrellas que el ojo humano puede ver a simple vista.
- Su fotografía más famosa, quizás, es aquella bautizada Campo ultraprofundo (HUDF), un mosaico de fotografías tomadas a un pedazo del cielo durante cinco meses. Es la imagen más profunda con que contamos del universo obtenida con luz visible. Ahí se pueden ver unas 10 mil galaxias, cuya luz lleva viajando 13.000 millones de años a través del espacio, apenas 750 millones después del origen del universo.
- Da una vuelta completa a la Tierra cada 96 minutos a 8 kilómetros por segundo (28.000 kilómetros por hora). En agosto de 2008, dio su órbita número 100 mil. O sea, a esa velocidad para esta época ya hubiera llegado a Neptuno.
- El Hubble no tiene una lente, sino dos espejos: es un telescopio reflector o newtoniano. No puede mirar directamente hacia el Sol y cada una de las imágenes que publica salen a la luz un año después de ser tomadas. Durante ese tiempo los científicos pueden analizarlas en privado.
- El Hubble originalmente era miope. El primer gran dolor de cabeza para la NASA y la ESA surgió apenas el telescopio se acomodó en órbita: los científicos no podían creer que las primeras fotos del Hubble llegasen sin nitidez. La razón: un defecto en la forma del espejo primario provocaba la borrosidad. Así, en 1993 se envió la primera expedición tripulada para arreglar su ojo enfermo. Aquella fue la primera de las cinco misiones de astronautas dedicadas a repararlo y actualizarlo: cambiaron sus cámaras, actualizaron software, sustituyeron dispositivos estropeados por la basura espacial. La última misión de servicio fue en 2009 y no habrá más.
- El Hubble permitió constatar la edad real del cosmos: 13.750 millones de años. Y confirmó también algo que Einstein ya intuía: que la expansión del universo se está acelerando, exactamente lo que suponía a principios del siglo XX el astrónomo Edwin Hubble, de quien el telescopio recibe su nombre. Lo consiguió observando el movimiento de 18 galaxias en diferentes puntos del universo.
- Fue testigo y cronista de un evento cósmico único: cuando los fragmentos del cometa Shoemaker-Levy impactaron contra Júpiter, en 1994.
- 20 años de observaciones produjeron unos 45 terabytes de información, lo suficiente como para llenar casi 5.800 DVD. Por mes genera más de 360 gigabytes en datos.
- Se han publicado más de 8.700 papers relacionados con el telescopio, siendo así el instrumento científico más productivo alguna vez construido.
- Confirmó la existencia de materia oscura, aquella que no emite radiación alguna y que no podemos ver, y que constituiría el 74% del universo.
- En 1994, proporcionó evidencias reales de que los agujeros negros supermasivos existen. Detectó uno de estos monstruos cósmicos en el centro de la galaxia elíptica gigante M87.
- Retrató más de 30 discos protoplanetarios en la nebulosa de Orión, o sea sistemas planetarios embrionarios, caóticos, remolinos de polvo que con el tiempo se condensan y terminan conformando sistemas solares como en el que se encuentra la Tierra.
- En 2005, el Hubble obtuvo la primera imagen de un planeta –Fomalhaut b– orbitando una estrella diferente al Sol.
- Uno de los peores momentos que vivió el Hubble fue durante la presidencia de George W. Bush. Mientras sus baterías se agotaban, su presupuesto fue recortado por el ex presidente estadounidense.
- Tiene una película oficial. Se llama IMAX Hubble 3D y es narrada por Leonardo Di Caprio. Link: www.imax.com/hubble
- La idea de colocar un telescopio en órbita fue propuesta por el astrónomo Lyman Spitzer en 1946.
- Descubrió dos nuevas lunas de Plutón, Nix e Hydra.
- Como ningún instrumento lo hizo hasta ahora, logró retratar el nacimiento y la muerte de las estrellas. Una de las más famosas fotos al respecto es la conocida como Los pilares de la creación, unas columnas de gas en la nebulosa del Águila (M16), en la que se incuban nuevas estrellas.
- En 2009 la NASA le permitió al mundo elegir dónde apuntar los ojos del Hubble. La opción que recibió más votos (unos 140 mil) en el sitio http://youdecide.hubblesite.org fue el grupo galáctico Arp 274, un sistema de tres galaxias que parecen estar montadas unas sobre las otras.
- No se espera que siga funcionando más allá de 2014. Poco a poco se apagarán sus sistemas para siempre y el complejo científico espacial comenzará a ser atraído por la fuerza gravitatoria de la Tierra hasta desintegrarse en su choque con la atmósfera. Así habrá concluido una era de oro de la astrofísica al mismo tiempo que comienza otra, disparada por una nueva joya de la técnica: el telescopio espacial James Webb.
El efecto Hubble
Las imágenes tienen un poder único e irrepetible que ni la oración más elegante o las palabras más afiladas podrán jamás igualar. Ellas son capaces de hacer añicos nuestras limitadas concepciones sobre la naturaleza, sobre aquella dimensión incomprensible llamada realidad. Sin aviso, una fotografía puede alterar los puntos de equilibrio en donde se apoya la humanidad: los primeros retratos de la Tierra tomados fuera del planeta en los cincuenta empujaron el despertar de una conciencia protoambiental. Los hongos nucleares –aquellos de rojos y naranjas furiosos que escalaban por el cielo– se convirtieron en la advertencia icónica y la postal muda de la muerte, del poder contenido en el átomo y de los riesgos de su manipulación. Las radiografías confirmaron nuestra fragilidad estructural y los cuadros genéticos –aquellos llenos de rectángulos coloridos que parecen piezas de un rompecabezas interior– dispararon una reflexión fenomenológica: además de animales complejos, sociales, queribles y odiables, somos, también, máquinas genéticas que venimos al mundo con manuales de instrucciones incrustados en los rincones más íntimos de nuestro interior.
Ellas, las imágenes, logran encapsular una porción de la realidad de tal modo que una vez instaladas frente a los ojos producen un efecto instantáneo: asombran, atraen, repugnan, se olvidan, se recuerdan. De la Mona Lisa a las cuevas de Lascaux, de aquel gol hecho con la mano a las latas de sopa Campbell, ellas –sin un orden pergeñado– conforman un mosaico que nos demarcan temporalmente, nos sugieren en nuestro interior que pertenecemos a una época y no a otra.
Definitivamente, las fotografías tomadas por el Telescopio Espacial Hubble nos anclan a medio camino entre el siglo XX y el XXI. Hablan de nuestra época y al mismo tiempo hablan de todas las épocas: tal vez porque aquellos corales cósmicos, las piñatas nebulosas, los pulpos galácticos que viene retratando desde hace dos décadas nos recuerdan algo más profundo, algo mucho más esencial e importante que el presidente de turno, los precios desorbitados, la irracionalidad argentina y urbana. Las imágenes del universo –las del Hubble, la de los miles de telescopios que apuntan al cielo– nos recuerdan que no pertenecemos únicamente a un club de fútbol, a un barrio, a una ciudad, a un país, incluso a un planeta. La humanidad, en cambio, pertenece a una instancia aún mayor; juega en una cancha más amplia y muchas veces olvidada conocida como “universo”.
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